3.1.- Una situación que genera angustia

Tanto la perspectiva de a dónde se quiere llegar, como la de dónde se parte van a condicionar el proceso de la preparación del examen MIR.
El periodo de preparación del examen MIR es un periodo de transición. Un tiempo de cambio. La perspectiva de desarrollar la labor profesional deseada y alcanzar un mayor grado de autonomía personal es un objetivo deseado que imprime un carácter de esperanza. Sin embargo también existe la otra cara de la moneda. Subir al siguiente peldaño de la escalera, hacerse "mayor", adquirir las responsabilidades del trabajo y empezarse a plantear la independencia de la familia, comporta un riesgo y un temor.
En mayor o menor medida, se plantea una situación de cierta ambivalencia ante el cambio. El cambio se desea y se teme. Esta situación puede actuar como motor del estudio y también como freno. Más exactamente, las dos cosas, en distinta proporción, que dependerá de las circunstancias de cada persona. Un ejemplo extremo, y por ello más claro, puede ser esa persona que en los simulacros de la preparación del examen MIR saca notas altas, por encima de la necesaria para obtener la plaza de MIR que desea, y cuando llega el examen, misteriosamente, se queda muy por debajo de sus posibilidades. Estos casos se interpretan a partir de la mala suerte, ¿en 250 preguntas?, o a los "nervios", rehuyendo cualquier interpretación más profunda.

Esta situación genera estrés y angustia, que habitualmente aumenta conforme se acerca el examen. Hay mucho en juego, incluso más allá de una cuestión meramente profesional.
El aspecto de oposición que tiene el examen MIR proporciona una magnífica oportunidad para reflejar los problemas personales a través de la comparación con los demás. El examen MIR se resuelve con la aparición de una "lista" de todos los presentados, del primero al último, clasificados de mejor a peor, con el intenso componente de competitividad, que ello implica. "¿Cómo quedaré ante los demás?" y sobre todo, "¿Cómo quedaré ante mi mismo?".
El protagonismo que adquiere la preparación del examen MIR, tiende a aislar al médico que se encuentra en esta situación. "No tiene tiempo" para familia, amigos, pareja, y muchas veces le sobra "mal humor" que todavía hace más difíciles estas relaciones. En general, el aislamiento se tolera mal. De esta forma, las relaciones sociales de la persona que prepara el MIR suelen terminar centrándose en otras personas que están en la misma situación, preparando el MIR, donde los compañeros se brindan unos a otros apoyo emocional. Por otra parte, en muchos casos, esto no es más que la continuación de las relaciones establecidas durante la época de estudiante universitario.
De alguna forma, esta situación de incertidumbre, termina reflejándose en el entorno que se crea el médico que prepara el examen MIR. Existe un cierto mecanismo de "bola de nieve", que crece a medida que se acerca el examen.
3.2.- El manejo de la angustia
Aunque los factores mencionados anteriormente son, en buena parte, comunes a todos los que se presentan al examen MIR, cada persona los vive de forma diferente. El grado de ansiedad y la capacidad de tolerarla son características individuales y no hay dos casos iguales.
También suele haber variaciones en una misma persona a lo largo del periodo de preparación del MIR. Como se ha comentado, la angustia tiende a aumentar al aproximarse la fecha del examen.
Hay un grupo de personas que preparan el MIR y toleran bien la angustia que sufren. Se puede considerar que se trata de una angustia creativa que sirve como estímulo a la hora de ponerse a estudiar.
En el otro extremo, se encuentran las personas que o bien se angustian mucho o toleran mal niveles de angustia que para otros son aceptables. Se trata de una angustia claramente destructiva. Estas personas llegan a a situaciones en las que les resulta imposible estudiar. A veces se utiliza un disfraz de "pasotismo" para encubrir esta situación. Incluso, un grupo muy pequeño puede llegar a desarrollar cuadros psiquiátricos de mayor o menor gravedad. En ambos casos, podría resultar aconsejable que se consultara a un especialista de la salud mental.

En el término medio se sitúa, como casi siempre, la mayor parte de los médicos que preparan el examen MIR. Sufren una angustia considerable, lo pasan francamente mal, y sin embargo, no llega a ser tan intensa como para impedir el estudio o resultar insoportable.
Es frecuente una actitud de cierto estoicismo. Algo así, como "hay que pasar por aquí y no queda más remedio que aguantarse". Sin embargo, esta no es la única actitud posible. Por el bien de uno mismo, sobre todo, y también por el bien de la eficacia del estudio, se puede y debe intentar mantener una actitud de serenidad, de cierta distancia, "que ponga las cosas en su sitio", dando a las cosas la importancia que tienen, no menos, pero tampoco más. Naturalmente esto es mucho más fácil de decir que de hacer. Pero eso no quita que se deba tener en cuenta. Cada uno tiene sus propias estrategias. Se puede conceder un tiempo a pensar qué es lo que realmente se siente y por qué, (no siempre es tan evidente como pueda parecer), "obligarse" a un tiempo libre, en solitario o acompañado, recurrir a actividades deportivas o simplemente de diversión.
Evidentemente los cigarrillos en masa, los litros de café y ya no digamos las sustancias estimulantes son estrategias inadecuadas. Su utilización constata y mantiene la incapacidad de manejar otros recursos personales.

Hay técnicas de relajación eficaces, que no implican el uso de fármacos, y tienen la ventaja respecto a estos últimos de mejorar mucho la seguridad en uno mismo. En el caso de considerar oportuno el uso de tranquilizantes, deben ser pautados por un especialista, empezando a practicar que el médico y el paciente nunca deben coincidir en la misma persona.
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